Coloca en un bowl la mantequilla suave, la harina, el azúcar glass y la sal. Se puede batir con una batidora eléctrica a velocidad baja-media o simplemente con las manos se logra rápido la masa. Al principio la mezcla tendrá una textura arenosa, pero poco a poco comenzará a unirse hasta formar una masa suave.
Agrega aproximadamente ¾ partes de las chispitas y mezcla sólo lo necesario para repartirlos por toda la masa, procurando no batir de más.
Coloca la masa entre dos hojas de papel encerado o sobre plástico de cocina y extiéndela formando un rectángulo de aproximadamente 8 mm de grosor. Es importante no dejarla demasiado delgada para que las galletitas conserven una textura tierna en el centro.
Distribuye el resto de las chispitas de colores sobre la superficie y presiónalas suavemente con las manos o con el rodillo para que se adhieran a la masa.
Envuelve la masa y refrigera durante 1 hora, o hasta que esté firme.
Precalienta el horno a 170 °C y prepara una charola con papel para hornear.
Retira la masa del refrigerador y córtala con un cuchillo afilado en cuadritos pequeños de aproximadamente 1 a 3 cm. Colócalos sobre la charola dejando un poco de separación entre ellos. (Realmente es en este punto donde puedes hacer la forma que más prefieras) Hornea durante aproximadamente 6–8 minutos, comenzando a vigilarlas desde el minuto 6. Las galletitas deben permanecer bastante claritas; estarán listas cuando se vean firmes y la base apenas empiece a tomar color.
Retira la charola del horno y deja las galletitas enfriar sobre ella durante unos minutos, ya que recién horneadas son bastante delicadas.
Una vez que hayan tomado consistencia, pásalas a una rejilla y deja que se enfríen completamente.